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Emanuel Russo

FÚTBOL INFANTIL, EL PROBLEMA, LOS GRANDES.

Nos encontramos inmersos en un mundo del fútbol donde los técnicos o personas a cargo de los niños no siempre están bien capacitados, ni poseen títulos o los conocimientos necesarios para formar a un chico como deportista y algo mucho más importante, como persona.

Pero sin darse cuenta o quizás sí, los padres son la principal causa de esta gran presión que poseen los niños para ir a disputar un “partido”, que no es más que un encuentro de formación psicomotriz, técnica, táctica y de sus capacidades condicionales y coordinativas, para su futuro no solo profesional sino en su vida cotidiana.
El exceso de expectativa lleva a la presión, y esta se ve reflejada en que:
Cada error que tienen reciben un grito.
Cada jugada de gol conlleva un grito.
Cada derrota…un grito, y en algunas ocasiones algo más.
Hecho que nos remonta al no tan lejano Circo Romano, donde los ganadores eran vitoreados y los perdedores eran recluidos y hasta muertos porque no eran merecedores de más.
Es a través de esto que pienso, de donde sale el miedo a perder. 
Y leyendo, descubro que en realidad no somos miedosos, si no, que aprendemos a tener miedo.
Nacemos con la capacidad de sentir miedo y en función de nuestra historia personal aprendemos frente a qué cosas debemos sentirlo.
Aprendemos a tener miedo por asociación.

Asociamos determinados estímulos con algo que puede ser peligroso, causarnos daño o con determinadas reacciones fisiológicas de activación.
¿Y el miedo (en este caso a perder) quien lo instaura en los niños?
Creo que la respuesta es obvia.

Se tiene tantas ganas de que los niños cumplan los sueños de los grandes que se da un mensaje súper equivocado.


El Padre que quiere que el hijo llegue a ser profesional y lograr lo que él no pudo lograr, el Director Técnico que quiere ascender en su profesión y que piensa (gracias al sistema mediático, de consumo de información, de no evaluación y capacitación y a su vez de NO crecer en la profesión por méritos de conocimientos, cualidades, profesionalismo y SI por apellido o haber jugado profesional, por ejemplo) que ganando va a lograr ese ascenso, no se enfoca en formar y enseñar, si no, en GANAR.

Carta de un niño

A mis padres, a mis entrenadores, a mis mayores...
Sé lo que todos ustedes me quieren. Cada uno me lo demuestra en todo momento y en todas partes y en honor a ese cariño que me brindan y que yo también siento hacia ustedes, quiero que me den la posibilidad de crecer de la manera más pura y más simple que pueda.
Déjenme jugar con la alegría que represento.
Déjenme ser el niño que a mí me gusta ser.
No pretendan que logre cosas que tal vez sean importantes, pero para otro momento, y que al buscarlas ahora representa perder otras que para mí hoy son más importantes.
Déjenme vivir con la edad que realmente tengo, pues sólo pasa una vez por mi vida.
Y no planifiquen tanto con mi vida, ni con mi persona.
Tampoco se desesperen por mis derrotas pues el dolor que me produce perder termina un instante después y ya ni me acuerdo y enseguida vuelvo a sentir alegría por jugar y divertirme.
No busquen triunfos a través mío, ni pretendan que yo sea como ustedes fueron o no pudieron ser.
Soy un niño y quiero serlo.
A mis padres, gracias por elegir este Club donde haré tantos buenos amigos y también gracias a mis entrenadores que me educan para que llegue a ser un buen deportista.
A veces noto que sufren al costado de la cancha cuando juego, no me gusta que sea así, pues en ese momento soy feliz.
Estoy jugando, y desde adentro pareciera que ustedes, los de afuera, compitieran por mí, que tuvieran celos y que sufrieran por el triunfo que no llega o la jugada esperada que no puedo en ese momento brindarles.
Si me dieran tiempo entenderían que esa etapa tiene que ser así, que en el deporte como en la vida todo tiene su tiempo, seguramente un día podré dárselos.
Por favor... dejen que juegue, que me divierta, que sea feliz.
Soy un niño, no lo olviden.
Soy un niño...y solo una vez en la vida...

LA CARTA ES DE ALGUIEN ANONIMO, EL TEXTO ESCRITO ESTA INSPIRADO EN CHARLAS, LECTURAS Y PENSAMIENTOS.

Emanuel Russo.-